

Era previsible que la parada del conjunto de Oscar Blanco no sería fácil allá en el oeste, pero no tan complicada como terminó sucediendo. Enfrente se encontró con un equipo aguerrido, con algunos jugadores interesantes y a cargo de un entrenador como De La Riva que, conocedor del azzurro por verlo reiteradamente, supo pararlo de la mejor manera para plantearle batalla

Sin embrago fue la visita quien tomó las riendas desde el inicio como suele hacerlo con una línea de fondo bien plantada, avanzando por afuera y con la presencia peligrosa de Saccone en los metros decisivos. Esa decisión por buscar el arco adversario tendría sus buenos resultados a los 8 cuando el “¨Lobo” encontró una pelota que caía desde la derecha y de zurda la mandó cruzada junto al poste izquierdo para poner el

Con la ventaja a su favor, Italiano intentó hacer circular la pelota, pero la presión de los locales se hacía cada vez más intensa y la misión se le dificultaba. Así y todo, a los 27 Saccone se perdería el segundo cuando, luego de ser habilitado por Martínez y dejar desparramado en el piso a Armani, buscó el arco en lugar de cederla al área a algún compañero y su remate fue

Mientras tanto, el “Charro” se venía y venía, con mucha voluntad pero con cierto desorden, motivo por el cual terminaba chocando contra la muralla azzurra que formaban la defensa junto al arquero. Encima, los 39 llegaría a la igualdad cuando Rodríguez empujaba un rebote del uno tras fuerte disparo de Vila, pero la jugada terminaría siendo invalidada por un

Iniciado el complemento, “Cachín” pedía que la pelota pasase por Britos, pero el conductor estaba siendo bien bloqueado por Pogonza y entonces sus compañeros comenzaban a sentir su ausencia en el juego. Eso era aprovechado por el local para seguir presionando y amenazando con la movilidad de sus hombres más ofensivos, pero seguía pecando en la exagerada velocidad a la hora de la

A los 14 Meza remataría débil a las manos de Arman en una de las escasas aproximaciones azzurras, a los 26 Martínez se iría expulsado tras ver la segunda amarilla en pocos minutos y la oscuridad del cielo amenazaba también sobre lo que sucedía en el campo de juego.
Desde ese momento y hasta el pitazo final del juez fue puro
